El emprendimiento forja una manera de ser y de comportarse. Esto hace que la persona que opta por emprender tenga una “personalidad” diferente. El emprendedor necesita de un carácter que haga que detecte necesidades de forma fluida. Ante esta necesidad, en vez de pensar que ya habrá alguien atendiendola, se lanza a resolverla él mismo.

El emprendedor busca como optimizar sus conocimientos, sus relaciones personales y profesionales. Las habilidades para enfrentarse a la incertidumbre que genera un proyecto nuevo. No se trata de predecir el futuro, sino de controlarlo y adaptarse a medida que los cambios se van produciendo.

¿El emprendedor nace o se hace?

Siempre surge la repetida pregunta, ¿el emprendedor nace o se hace?. Determinados estudios indican que si uno de tus padres ha sido emprendedor/empresario, tienes el doble de posibilidades de terminar siendo emprendedor. El emprendedor con éxito, suele ser una persona que durante parte de su vida ha estado en un entorno que favorece el asumir iniciativas. Que cuenta con una mentalidad abierta hacia los nuevos proyectos en el entorno familiar. No todos los emprendedores son vocacionales, un amplio numero de ellos lo han sido por necesidad, o porque socialmente se han visto empujados a ello.

 

 

Otro estudios de la Universidad de Michigan demuestran que, los empleados por cuenta propia, tienen mayores niveles de satisfacción personal y profesional. Lo que se deduce la tendencia a quedarse con los recuerdos más bonitos. Y olvidar el esfuerzo adicional que supone el emprender.

 

Por otro lado, en nuestra sociedad, especialmente en España, no se valoran igualmente proyectos que supongan cierto riesgo. Aunque este riesgo sea limitado. Frente al modelo tradicional de trabajo por cuenta ajena, que siempre a sido signo de estabilidad, seguridad, etc.

Es importante que consigamos reducir la aversión al riesgo en nuestra sociedad. Que el acto de emprender un proyecto sea una actitud aceptada, valorada y dentro de la normalidad. También es muy importante que podamos formar a futuros emprendedores que den forma a las ideas y los proyectos. Formar a las futuras generaciones en gestión, en estrategia, en management. Pero si no se genera un entorno favorable al emprendimiento, donde el fracaso de un proyecto no tenga una consideración tan negativa, difícilmente surgirán nuevas iniciativas. No es necesario recordar que todos los negocios, incluyendo las grandes multinacionales existentes, han surgido del emprendimiento de una persona o unos pocos en un momento dado.

 

Así que, quizá más que enseñar emprendimiento, podemos centrarnos en crear las condiciones de entorno necesarias para que las personas con iniciativas nuevas y la pasión necesaria, se decidan a lanzar proyectos nuevos.

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